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  • Breve reseña de Rendición, de Ray Loriga

    “La versión moderna del cuento (…) trabaja la tensión entre las dos historias sin resolverla nunca. La historia secreta se cuenta de un modo cada vez más elusivo (…) lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión.”

    Ray Loriga

    “La versión moderna del cuento (…) trabaja la tensión entre las dos historias sin resolverla nunca. La historia secreta se cuenta de un modo cada vez más elusivo (…) lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión.”

    Rendición, la novela ganadora del Premio Alfaguara de novela 2017, y que leímos en la anterior edición de El Book Club, me recordó al comentario de Ricardo Piglia que introduce este texto más arriba.

    Esa tensión en la novela (si nos permitimos extender lo anterior a la novela o al contrario) está enmarcada en una narración de un hombre común que cuenta los cambios que va sufriendo una familia a consecuencia de una guerra.

    La novela se narra como en POV. Similar a lo que ocurre con los personajes de Being John Malkovich, miramos a través del protagonista: en Rendición somos también el narrador. Al vivirlos con él, al atraernos a sus cavilaciones, los del protagonista son también nuestro tiempo y nuestro mundo.

    Despojada de grandes aforismos, la narración de Loriga logra hacer que cada pasaje, cada frase marchen hacia la construcción de la historia.

    O de las historias.

    Las cavilaciones del protagonista dan cuenta del cambio de sus circunstancias. Pero al mismo tiempo se va construyendo el referente de la fábula -como el mismo autor cataloga su obra. Rendición es también, a mi juicio, la consecución de varios símbolos que forman esa historia secreta de la que habla Piglia.

    La casa, que el propio narrador debe quemar desde sus cimientos. La ausencia de nombres (el ‘everyman,’ pero también la ignominia de la que habló Angel Rosenblat*) en los mayores. La guerra, que “sólo nos recuerda, con su ruido, que todo cambia”. La ciudad transparente, ese lugar feliz y donde no hay privacidad. La rendición, de la cual nos dice Loriga “es postrar las armas ante una fuerza mayor y, a veces, por una causa siguiente”. Todo lo anterior recrea una historia que, con sensibilidad y angustia a partes iguales, dialoga con nuestro presente y el rumbo que ha tomado nuestra sociedad.

    Una sociedad que, como en la ciudad transparente, es recipiente de individuos felices pero agobiados (“una felicidad tan plena y tan injustificada que, a qué negarlo, empezó a agobiarme”), sin privacidad, sin propósito y que nos recuerdan al absurdo camusiano:

    “No se descubre el absurdo sin sentirse tentado de escribir algún manual de felicidad (…). La felicidad y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables.” (A. Camus, 1942, p. 159)

    La memoria, la alienación, la familia, la modernidad, el absurdo son temas que trata Loriga con la pasmosa simpleza de quien a través del oficio ha logrado ser a la vez sucinto y profundo.

    Es, además, una novela relativamente corta (220 páginas y generosos márgenes), que a partir del primer tercio toma un ritmo trepidante, y que luego cuesta hacerla a un lado hasta que termina. Perfecta para esta primavera que asoma y que se antoja más bien lluviosa.

    *En El Sentido Mágico de las Palabras de Angel Rosenblat, se lee lo siguiente “Dentro de la tradición latina, la falta de nombre, la ignominia, se ha vuelto equivalente de deshonra o infamia”.

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    Luis Borges

    Luis Borges es un venezolano que se las apaña traduciendo y escribiendo para publicidad, y que se imagina un mundo en donde malabarear, jugar ajedrez y leer sea tan remunerado como los altos cargos ejecutivos de las grandes empresas.

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